La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, afirmó que el eventual rechazo de su reforma electoral en el Congreso “no será una derrota” para su gobierno, en medio de un complejo escenario legislativo en el que Morena y sus aliados no tienen asegurada la mayoría calificada necesaria para modificar la Constitución. La mandataria explicó que su iniciativa responde a un compromiso de campaña con el pueblo y que, aunque reconoce las dificultades numéricas, considera fundamental presentar el proyecto para que “cada fuerza política asuma su responsabilidad frente a la ciudadanía”.
Reforma electoral como compromiso, no como prueba de fuerza
En declaraciones recientes, Sheinbaum subrayó que su propuesta de reforma no debe entenderse como una prueba de fuerza del Ejecutivo frente al Congreso, sino como la materialización de una promesa hecha durante la campaña presidencial. Señaló que, aun si no se alcanzan las dos terceras partes de los votos requeridos para una reforma constitucional, el solo hecho de presentar la iniciativa permitirá transparentar quién está a favor y quién en contra de cambios como la reducción del financiamiento a partidos y el ajuste a las listas plurinominales.
La presidenta insistió en que, para su gobierno, la prioridad es honrar los compromisos con la gente, más allá del resultado final en las cámaras. “No es una derrota presentar una reforma que responde al mandato popular, aunque no se apruebe”, ha sido el mensaje de Sheinbaum, quien también ha llamado a sus aliados a explicar públicamente sus posiciones si deciden no acompañar algunos de los puntos centrales del proyecto.
Tensiones con aliados y panorama complicado en el Congreso
La ruta legislativa de la reforma se ve tensionada por las reservas de los partidos aliados, PT y PVEM, que han mostrado resistencia a aspectos clave como la reducción del financiamiento público a partidos y la disminución de legisladores de representación proporcional (plurinominales), de los que dependen en buena medida para mantener su presencia en el Congreso. Sin su apoyo, Morena y el bloque oficialista no alcanzan la mayoría calificada necesaria para sacar adelante una reforma constitucional.
Pese a ello, Sheinbaum ha reiterado que no “descafeinará” la iniciativa solo para facilitar su aprobación, al señalar que “no tiene caso una reforma electoral totalmente desdibujada” que no responda a las demandas ciudadanas. Ha enviado un mensaje directo a sus socios: “Quien quiera apoyar, bien; quien quiera mantener privilegios, la gente lo va a señalar”, en referencia al control de las listas plurinominales y a los recursos que reciben los partidos.
Cuatro intentos previos fallidos y el antecedente de AMLO
La propuesta de Sheinbaum llega después de tres intentos fallidos de reformas electorales impulsadas por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que no consiguieron reunir los votos necesarios en el Congreso y derivaron en ajustes legales menores, conocidos como “Plan B” y “Plan C”, parcialmente frenados por la Suprema Corte. En este contexto, la presidenta busca una “reforma propia” que retome la agenda de austeridad en el sistema político, pero procurando mantener la autonomía del INE y la representación de minorías, puntos que ha subrayado para desactivar acusaciones de autoritarismo.
Analistas coinciden en que el margen de maniobra es limitado, pero que el envío de la iniciativa tiene también un componente político y simbólico, al colocar en la discusión pública temas como el costo de los partidos y la forma en que se integran las cámaras. Si la reforma no avanza, Morena buscará capitalizar el debate rumbo a las elecciones de 2027, argumentando que la oposición y parte de sus aliados optaron por preservar privilegios en lugar de apoyar los cambios.